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Terra
La Coctelera

Viaje a la Edad Media...

El pasado 16 de febrero era un jueves cualquiera de no ser porque a través del país digital conocí el anuncio de la celebración de las bodas de Isabel Segura. El sábado 18, libre ya de toda obligación, recogí a Alejandro, mi hijo y compañero de viajes y emprendimos camino con la ilusión como único preparativo.

Serían las cinco de la tarde cuando llegamos a la Edad media y tan pronto encontramos lugar para guardar nuestro carruaje nos zambullimos sin demora en los fastos.
Deambulamos atónitos de calle en calle, zigzagueando el gentío al son de pócimas y brebajes, fascinados de plaza en plaza con brujas y juglares de flauta y cascabel.

Poco después llegó Diego cargado con cinco años y un día de razones para desbesar a la recién desposada Isabel. La presencia de la dama en el balcón puso luz a una noche, que negra y funesta se tornó con su forzada negativa; certera daga que de muerte hirió el corazón del desdichado caballero. Se hizo el silencio y el rumor del drama empezó a recorrer las calles de Teruel.

Ajena a la tragedia siguió la justicia de “La fiesta judía”, el hilarante desparpajo de “Los casos según fuero”, la envolvente cantinela del “Cuentacuentos”, el arte y la desbordante creatividad del “Concierto de fuego en sol apagado y mi encendido” y el “Escarnio de la bruja por las calles de la villa”.

Con la fragua de tantas emociones calentamos el frío. El anhelo por volver trocó el cansancio en motor y así dejamos a nuestras espaldas las hogueras de las Haimas en torno a las cuales se reunían las gentes haciendo chisporrotear sus voces y risas. Partimos en busca de albergue hasta que por fortuna encontramos posada a 53 kilómetros de las huestes.

Repuestas las fuerzas, a la mañana siguiente deshicimos el camino andado para formar parte del cortejo fúnebre que velaba al infortunado Diego. La solemnidad tapizaba la historia de los muros de la Catedral mientras las campanas tañían de fatalidad la cúpula del cielo, sabedoras que Isabel iba a posar, a entregar, a sellar su vida sobre los labios de Diego, con un beso.

Con la muerte por testigo venció el amor al convenio, el alma a la piel y entre todos los presentes construimos un templo erguido con besos, en honor a los amantes de Teruel.

Se ahogó...

Flotaba mejor que andaba, se había entrenado para ello desde niño. Le fallaron sus dos pilares, su ídolo y su pasión. El resto configuraba su entorno, la piscina de su vida. Pidió ayuda y le echaron un flotador, no sé si interaron sacarlo del agua pero él no quiso vivir amarrado a la superfície y se ahogó...

Descarrile (Vista aérea)

Tuve la fortuna de llegar muy lejos muy pronto en mi carrera profesional. Hace ocho años que decidí descarrilar y ahora que empiezo a moverme campo a través, estoy convencido de que el mundo "desarrollado" fabrica opciones y nos invita a escoger entre una gran variedad pero que nadie se lleve a engaño; en esa capacidad de elección empieza y termina nuestra libertad.
Estamos programados para escoger entre opciones no para diseñarlas.
Ser dueño de toda tu propia vida, creador, autor, director y actor es algo vertiginoso, sorprendente y muy aleccionador. Ser LIBRE o simplemente ser, da miedo, porque habitar la isla de tu vida con tu existencia es una gran responsabilidad. Descubrir, acaba siendo un coto reservado para intrépidos y osados que ningunean el perfume en busca de la esencia. El camino dura toda una vida y es duro si bien, la sóla sensación de estar andando compensa con creces el esfuerzo.